viernes, diciembre 28, 2012

2 = 1



Nadie debería dormir solo, en una cama de dos. Después de largos años de compañía con Carla, se me hacia insoportable estar sin ella en nuestra enorme cama. Sin ella, tenia la sensación de que me sobraba cama por todas partes y lo gracioso, es que lo dice un tío que eligió su cama, para que por primera vez en su vida, pudiese  tener su 1,90 de cuerpo, completamente dentro de la cama.


Aun no era capaz de discernir en algunas cosas, seguía utilizando posesivos como nuestro o nuestra y parecía que su uso incorrecto, insistiese en recordarme lo solo que me encontraba; las paredes de MI casa, rodeándome con la soledad de MIS pensamientos y MIS tonterías, MIS, MI. Ya nunca más serian nuestros cepillos de dientes, ahora eran míos, los dos, pero en el fondo uno de ellos era más como uno de esos dibujos de las cuevas de Altamira, servia sobre todo para recordar que allí hubo alguien y que ya no estaba. Mis toallas, mis plantas, mis facturas…era una herencia que no tenia muy claro cuando había sido acepta, ahora tenia libros dedicados por mi mismo, discos de grupos que no me gustaban e incluso una falda que por supuesto aun tenia la etiqueta colgando, sobra decir que ella nunca se la puso. 

Daba igual, ella se había ido y yo me había quedado, ella a Japón y yo a Madrid, ella a empezar de cero y yo a continuar mi camino con el lastre de los recuerdos. Es increíble lo mucho que se puede llegar a echar de menos a una persona, sobre todo, si se la ha querido de manera sincera y lo complicado que se vuelven algunas cosas, porque, por más que busque en Youtube o Google no encontré nada claro sobre lo que había que hacer en estas situaciones. 

Ahora, esa cama que había sido un templo al placer de los besos y las caricias en la oscuridad, se convertía en una tabla de madera que flotaba en un mar de soledad, movida por las olas que formaba el edredón, esas olas me golpeaban algunas noches para despertarme de esos sueños, en los que ella paseaba caprichosamente según los designios de mi subconsciente. Y así, pase de dar vueltas para encontrarme con ella, a dar vueltas para encontrarme solo, con ese frío de los cuerpos que duermen solos en una habitación para dos, con una mesita vacía como parte de una despedida, con esos cajones que no albergan nada, como ese despertador, en su lado, sin alarma y la hora cambiada.

Todo lo relacionada con ir a la cama me ponía algo melancólico y es que, pese a que había pasado casi un año, aun seguía guardando muchas cosas en mi cabeza. Quizás ella tenia razón y era imposible vivir con  recuerdos de un dulce pasado en un presente amargo pero yo siempre había sido así y esta sensación, esta melancolía empezaba de rebelarme una parte de mi que apenas conocía, el chico duro que se guardaba todos sus sentimientos estaba siendo enterrado por otro bien distinto, que aunque ahora estaba tristón, sabia me podía deparar cosas mucho mejores. Adquirir la sensación de sentirme con un naufrago dentro de mi propia cama, aunque desde fuera pueda parecer triste, esta repleto de una belleza que muy pocos son capaces ver, ese era yo.

Asumí la gran mayoría de cambios con una facilidad que se encerraba entre unas comillas muy irónicas. La luz de su mesilla, que antes me molestaba al irme a dormir, cambio por ser la de la calle, esas trifulcas nocturnas por el dominio del nórdico, se transformaron en un reinado que termino con los pies fuera de la cama, esos pies fríos que se enredaban con los míos despertándome… esas manos que rodeaban mi cintura y jugaban con el bello de mi tripa hasta entrelazarse sobre mi ombligo… había cosas que era imposible sustituir, al menos de momento.

Parece que el mundo entero nos marca pautas y tiempos, nos obliga a hacer cada cosa en un tiempo ya cronometrado y hay un tiempo máximo y mínimo para todo. Siempre pensé que era otro intento de la sociedad por robar esa magia individual que tenemos cada uno como persona única e irrepetible. Hablas con los amigos, familia o compañeros de trabajo y parece que tu historia es fácilmente comparable y extrapolable a alguna que hallan vivido ellos. Nadie se da cuenta, las prisas y los ritmos del día a día hacen que nos olvidemos de los detalles, de esos detalles que hacen únicas las cosas, esos detalles que hacen que lo nuestro fuese único. Quizás por eso cada uno tiene su forma de ser, cada uno ha vivido desde dentro una relación, que es la que le ha conformado su forma de ser o al menos una parte. Por eso no vivía con prisas por olvidar, por eso no tenia prisas por llenar el vacío, por eso no tenia prisas por hablar y destripar nuestra relación terminada ante los demás. Sobre todo tenia ganas de comprender.

Muchas veces me he planteado si debía darle las gracias a Carla, al fin y al cabo, pese a estar triste y echarla de menos tanto tiempo después, me gustaba todo este amasijo de sentimientos maleables y cambiantes que me guiaban por una montaña rusa de emociones que carecía de cualquier control. ¿Era quien era gracias a ella o era quien era por lo que había vivido con ella? Creo que realmente nunca llegue a saber la respuesta, pero la verdad es que nunca me pareció relevante.

Dormir solo en una cama de dos no es bueno, piensas mucho, recuerdas más y duermes menos, pero la opción de llenarla con algún vacío, no me parecía viable de momento.

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